Definitivamente, el Chambers es un elegante hotel íntimo y lujoso, pero su escalinata del lobby bien al estilo "Brady Bunch", que además cuenta con una sala de estar en la parte de abajo, puede provocar que algunos lleguen tarareando cierto tema de película contagioso. Gracias a Dios, la música brasilera de moda que se oye en los parlantes y el elegantísimo bar del entrepiso eliminarán cualquier retroceso momentáneo al pasado de tipo Nick-at-Nite entre los huéspedes. Los ascensores con paredes de vidrio se detienen en los 15 pisos decorados de manera única, con obras de arte encargadas por el hotel a artistas como John Waters y Do-Ho Suh. (Asegúrese de ver los cuadros de los pies con zapatos, colgando a pulgadas del suelo, en el último piso).
Las habitaciones amplias y elegantes se parecen a entrepisos de artistas, aunque modernos y con tecnología de punta; enormes ventanas y estantes repletos de obras de arte relucientes y libros de cine se combinan con televisores de pantalla plana, cartas de yoga y marcación abreviada para Henri Bendel y el Exhale Spa. La gama de colores abarca tonos clásicos y neutros, con toques de colores vivos y texturas por todas partes; los bellos baños cubiertos con azulejos cuentan con bañeras para relajarse o duchas. Se les garantiza a los huéspedes que al menos cinco de las 500 obras de arte originales del hotel adornarán sus suites. El hotel es absolutamente fabuloso y seguramente será una experiencia que usted nunca antes vivió y que nunca olvidará.
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