Esta bellísima evidencia de la imponencia y la crueldad de la Antigua Roma brinda un espectáculo sorprendente, en especial si se llega desde la parada del metro que tiene el mismo nombre. Apenas sale de la estación lo detiene el mero tamaño de esta increíblemente intacta construcción. Una vez que cruce la transitada calle con cuidado, comience simplemente caminando por la parte exterior y espiando hacia el interior. No se sorprenda si ve varios gatos, ya que construyen su hogar entre las columnas y las piedras caídas. Cuando se construyó en el siglo I a. de C., el estadio tenía capacidad para 50.000 espectadores que verían las peleas entre gladiadores y animales salvajes o entre los gladiadores mismos. Estos sangrientos eventos terminaban con el emperador preguntando a la multitud si se debía matar al gladiador derrotado o no. Pulgares hacia arriba indicaban que debía vivir, pulgares hacia abajo significaba muerte. La decadencia del Coliseo fue el resultado de un par de fuerzas diferentes. La naturaleza tomó el control, especialmente los temblores que poco a poco sacudieron el edificio hasta desmoronarlo. Pero a lo largo de los años, la estructura se utilizó como cantera: los romanos extrajeron el mármol que fue luego utilizado para otras construcciones de la ciudad. En la actualidad el piso ya no existe, dejando al descubierto el laberinto de pasillos y habitaciones en donde encerraban a los animales, gladiadores y esclavos que trabajaban para realizar el espectáculo. Se ofrecen excursiones en su idioma que lo ayudarán a entender mejor la complejidad del tema.